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Carreteras que Perdonan

Las estadísticas no consiguen hacernos entender la multitud de dramas humanos que llevan implícitos los titulares que a menudo nos ofrecen los medios de comunicación, la de vidas que se ven sesgadas por una mala conducción, por una inoportuna imprudencia, por ese estúpido pensamiento que nos hace ponernos al volante como si el peligro sólo fuese cosa de los otros.

El exceso de velocidad, el uso de los teléfonos móviles u  otros aparatos diseñados para facilitarnos la vida, un consumo inapropiado de alcohol o estupefacientes, pisar el acelerador mucho más de la cuenta… todo ello forma parte a menudo del origen de la desgracia. Las campañas de concienciación institucionales luchan por erradicar unas prácticas que a menudo aprietan el gatillo de un adiós injusto y evitable. Es una lucha compartida por todos más allá del color político de quien dirija un gobierno o de si éste sea municipal, autonómico o estatal. Nunca es demasiada información si con ello conseguimos corregir una serie de prácticas que pueden salvar muchas vidas.

De igual modo resulta necesario que nuestras autoridades actúen con el objetivo de garantizar la máxima seguridad posible en nuestras carreteras. Demasiados puntos negros y demasiados accidentes provocados por un mal estado de la calzada, por la escasa visibilidad o por una deficiente señalización. No es una tarea sencilla ni tampoco económica, pero en ningún caso estos argumentos pueden suponer una excusa para no actuar. Salvar una vida merece la pena. Salvar muchas es la obligación de todos.